Por aquí nada ha cambiado.

Ha pasado casi dos años desde que escribi algo por este sitio y ni a este sitio ni a mi parece importarnos demasiado.

Decir que es como adentrarse al sótano de una casa abandonada sería una buena manera de definirlo; aunque en este caso este sótano particular lo primero que hace es mostrarme una gráfica de popularidad que muestra un solo pico al inicio de todo esto y después un derrumbe total hacía la nada, sin protección hacía el olvido.

Que irónica es la manera que tienen  las cosas para resumir de cierta forma la vida de quien es su dueño.

Mostrarnos sin ningún filtro, la forma en la que las ideas se adentran más allá de la orilla de nuestro propio océano interior para perderse en el, sin reparo y en gran medida sin culpa.

Que interesante sería poder decir que todo eso es culpa de una enfermedad, de un Mal de Montano (a lo Vila- Matas) creer que de repente perdí  esa capacidad ( muy menor, si , hay que ser justos) de contar historias.

De contar algo, por lo más mínimo.

Que todo fue culpa de la  síntesis de un éxito redondo (mi éxito) que me exigió los mas profundos sacrificios personales  a cambio de generosos dividendos colectivos.

Pero nada.

Solo el silencio que da el caos mental. El ruido blanco de un sinfín de ideas que hablan y seducen al mismo tiempo.

Que se anulan entre sí hasta el exterminio.

Las imágenes de los múltiples colores. La secuencia fotográfica de una decena de años o el retrato de  anuario que se repite año con año, siempre consecuente , siempre prejuicioso  en el cual todos escriben que  desean lo mejor aunque pasaron todos esos años sin saber siquiera que existía.

Esa es la verdad que flota en el aire de este espacio.

Aire denso, quizá demasiado.

Pero siempre mostrando eso que mas que una linea de vida se asemeja mas a un loop,  a una repetición incesante que durante las noches parece decir en tu oído un  “Nada Cambia” que se siente aun mas profundo en los huesos  al darte cuenta de lo difícil que se vuelve ese andar sin rumbo al que desde siempre quisiste haberte acostumbrado.

Como ese dolor de cuello que ataca periódicamente.

Que tal parece que se ha convertido en un viejo amigo.

Si eso esta mal o no tanto, la verdad es que ya poco nos queda para juzgarlo.

Otra vez estoy dentro de este lugar dándome cuenta de que ni siquiera se por cuanto tiempo sera.

Pero lo que dure, que venga como tenga que venir. Si hemos de desaparecer mas adelante crucemos los dedos para que sea por una causa y nada mas.

Mientras hay que seguir cargando con ese obsoleto yo que cada día parece quedarse sin refacciones.

Hasta que le hallemos un lugar.

 

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