“I’m nobody! Who are you?
Are you nobody, too?
Then there’s a pair of us — don’t tell!
They’d advertise — you know!”

E. Dickinson

El estaba frente a ella en la mesa que estaba pegada a la orilla.

Se tardaron en decidir que pedir pero fueron por terreno conocido.

Ella pidió pasta porque le gusta la pasta.

El pidió fetuccini con pollo, porque de alguna manera lo había probado antes y le pareció que era la mejor opción.

En cuestión de bebidas el hubiera preferido vino, por esa idea romántica de que el vino es lo mejor para esas ocasiones, pero desistió al ver que ella pedía una limonada mineral sin hielo; así que opto por agua de melón.

Ambos se miraron de nuevo y comenzaron a charlar.

Es cierto, flotaron en su dialogo algunas trivialidades, pero también estuvieron presentes las sensaciones.

Unas mudas, otras tantas sonoras y algunas mas escondidas de la luz, lo cual no significa que no estén ahí, que no observen de reojo la escena, en muchas ocasiones, mordiéndose el labio para  no participar.

Llegaron las bebidas y el la invito a ella a viajar hacia un destino que podría ser cualquiera, pues solo le importaba el ir juntos.

Ella sonrío ligeramente nerviosa pero declino.

Sus razones fueron varias, pero el pudo sentir (sin saber como) que al menos por un instante ella pensó en hacerlo.

Que dentro de ella considero por un segundo decir ¿“y por que no”?.

Entonces el encontró un resquicio y le tomo la mano.

Ahí estaba el calor del contacto mas primigenio entre dos seres vivos y el corazón le palpito con mayor fuerza.

Ella se mantuvo por un instante y luego zafo pero ya la bendita sangre había comenzado su curso.

Así, palabras mas, palabras menos se sirvieron los platillos.

 El devoro el fetuccini sin dejar de mirarla, imaginando que ponía su boca sobre el cuello de su compañera.

Sin saberlo ella sonrió en el momento indicado, tal como si hubiera sentido su aliento rozar los nervios de su nuca.

Por eso el lo intento de nuevo.

Otra vez una invitación, ahora mas cercana, con el único objetivo de estar juntos, como si hubiera que recorrer poco a poco cada palmo de terreno entre ambos.

Ella procedió a poner sobre la mesa las limitantes ya conocidas y sin embargo dijo “quizá” que en el espacio en donde se alojan los dos, esta mas cerca de lo positivo.

Al finalizar su comida, hicieron sobremesa.

Ahora tenían las manos juntas, las miradas juntas y quietas, lo suficiente para sentir que se hacían una caricia moviéndose muy lentamente.

De igual manera juguetearon lanzándose pequeñas bolitas de papel.

Ella no lo supo, pero en ese instante el pensó en unas 20 maneras diferentes de besarla.

Y siempre ha estado seguro que en mas de una ocasión ella sintió su corazón acelerado a través del tacto.

Así estuvieron hasta que el arbitro del tiempo les marco el final de su momento.

En donde el deja de estar frente a ella y están lado a lado.

Tan solo por unas cuantas cuadras, caminando juntos sin estar cerca, sintiendo la mirada de la gente que los ignora hasta que llegaron al irremediable punto de la despedida.

Entonces el la atrae a su cuerpo, y ella se deja abrazar con precaución.

Hasta que el la suelta forzado y ambos se dan la vuelta sin saber,  que acaban de convertirse en cómplices.

Porque ahora pensaran en ellos por lo menos en algún instante de las horas  y de los días.

Hasta volverse a ver.

Hasta volver a estar uno a uno, juntos, en su espacio particular.

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